CLARIFICANDO… LA PUBLICIDAD DE LOS BALANCES

En estos días ha circulado una información errónea en cuanto a la difusión pública de los balances de las aseguradoras, con datos entidad por entidad, razón por la cual consideramos necesario reflejar la secuencia correcta.
Obviando las particularidades de los meritorios -y aislados- esfuerzos realizados a través de la revista El Asegurado y de la labor del primer (y casi único) historiador del seguro argentino, don Gotardo Pedemonte,  debemos señalar que, en forma orgánica, la difusión de los balances de las entidades aseguradoras tuvo su primer registro en la Memoria del año 1945 de la Superintendencia de Seguros, que incluyó la información pormenorizada correspondiente al 31 de diciembre de 1943.
Así siguió la secuencia a través de más de 20 años, pero con importante demora, atento que esa información formaba parte de un voluminoso trabajo, que incluía muchos aspectos de la labor del Organismo.
La difusión masiva fue iniciada con los estados contables al 30 de junio de 1986, mediante cuadernillos específicos,  el 7 de octubre de 1987, por la Asociación Argentina de Productores Asesores-AAPAS y continuada con los balances al 30/6/87 y 30/6/88, merced al invalorable trabajo del Contador Enrique Santos.
En abril de 1990, merced a un acuerdo que AAPAS celebró con SIDEMA (Servicio Informativo del  Mercado Asegurador), fueron publicados los datos al 30/6/89.
Esa elogiable actitud clarificadora, se vio potenciada con la realización de charlas y cursos para el análisis de esa valiosa documentación, como asimismo con distintas notas y comentarios en la revista SIDEMA.
El paso siguiente fue dado por la Superintendencia de Seguros de la Nación cuando el 28 de noviembre de 1989 difundió los estados contables al 30/6/89, el 8 de marzo de 1990 los indicadores a junio de 1989 y el 31 de marzo de 1990 los datos financieros del aludido ejercicio económico.
Posteriormente fue impuesto el sistema de balances trimestrales, a partir del 31 de marzo 1990, que sigue vigente hasta la actualidad.
Y configurando un importante avance en esta materia, la SSN decidió luego el envío de los estados, directamente al  domicilio de cada productor asesor. Así lo concretó el 12 de agosto de 1993 con los datos financieros y patrimoniales al 31/12/92. En septiembre de 1993 con los balances al 31/3/93 y así siguió el mecanismo, que cesó el 26 de mayo de 1995, mediante Circular 3.176 con datos al 31/12/94.
El resto, es historia contemporánea: el SIEF (sistema de información económico-financiera), las Circulares (luego Comunicaciones) de difusión masiva, la llegada de internet y la información colocada en el sitio web de la Repartición, incluyendo muchísimos aspectos positivos para un mejor análisis, etc., etc.
Todas las acciones que hemos puntualizado son elogiables porque han cumplido con uno de los requisitos indispensables en el desarrollo de la Institución Aseguradora: la debida información y la siempre reclamada transparencia.
Algún lector acotará: ¿y los casos de poca confiabilidad de “algunos números”, significativos en la década del `90 y quizás aislados en la actualidad? Nos anticipamos a responderle:  por cierto, han existido, pero para los estudiosos y analistas del tema, siempre estuvieron claros los casos de “la sábana corta”. Pese al ingenioso esfuerzo de ciertas aseguradoras, alguna parte de la anatomía siempre quedaba afuera y delataba el fraude…
Concluimos.
Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar, decía mi sabio abuelo.
Recordando ese principio, esta reseña responde a la verdad histórica, para poner las cosas en su debido lugar.
Raúl Jorge Carreira

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