ES NECESARIO IMAGINAR

Martinez DiegoTransformar al Uruguay en un país desarrollado es posible.
Algo ineludible para que ello ocurra, es que exista una conciencia activa de ese proyecto en la comunidad, en la gente, de modo que cada paso que se da, cada decisión que se toma, cada recurso que se aplica, esté enfocado hacia el objetivo principal.
Que esto se vuelva tangible, real, es un desafío para quienes ejercen el liderazgo en la sociedad, quienes marcan el rumbo, hacia donde ir, cuándo, con quién y fundamentalmente, cómo hacerlo. Sin duda que se necesita altura de miras para que las situaciones particulares de los involucrados, sus ataduras, sus urgencias, sus circunstancias, no conspiren contra ese espíritu superior que debe animar el avance.
También se necesita imaginación. Para aprovechar al máximo las soluciones y herramientas que están a mano, ya conocidas, disponibles. Y para crear las que faltan y que hacen falta.
En ese camino, la imaginación puede y debe contar con el seguro. Siglos. Sí. El seguro cuenta con activos históricos, con componentes técnicos, financieros, comerciales, que le señalan especialmente como un faro social al que el sistema político no debería desviarle la vista.
Con todo, algo de reja tiene aún el seguro por acá, esa que se coloca recién después que el ladrón se fue, perdiéndose precisamente una de sus mejores funciones, la preventiva, basada precisamente en la anticipación al siniestro. O en todo caso, si el siniestro finalmente se impone, la reparatoria.
Es preciso trascender esa concepción, superarla y alcanzar los niveles conceptuales del seguro que verdaderamente pueden reportar amplios beneficios a las comunidades. Al seguro debe por fin entendérselo más allá de expresiones culturales que lo conciben como ese papel por si chocás.
El seguro es una de las máximas construcciones del ser humano en su proceso histórico. Una forma de acercarse, casi lograr, que los hechos no ocurran. Si chocamos, que los vehículos recuperen su forma. Si se incendia nuestra casa, tener con qué reconstruirla. Si nos roban, recuperar lo que nos quitaron. Si granizó, obtener los medios para volver a sembrar. Si morimos, ¿resucitar? No. Pero que la vida siga igual, o a veces con mayores oportunidades para quienes dependen de quien ya no estará.
Y al mismo tiempo, así como el seguro es un gran socio personal, o familiar, también puede resultar un aliado estratégico y operativo de los gobiernos para consolidar situaciones sociales. Un ejemplo, evitar el retorno de los llamados vulnerables de clase media a la pobreza, o directamente la caída en la pobreza de quienes nunca la vivieron. Todo ello mediante planes, programas y productos que en cada instante la fuerza y creatividad del seguro están ofreciendo.
Desde otro punto de vista, ya no gubernamental, sistémico, sino individual, personal, el trabajo, el retiro, el patrimonio, el descanso, la salud, la familia, el medio ambiente en que vivimos, estos y otros aspectos forman parte de un proyecto de vida que es personal. Y en cada individuo habitan capacidades diferentes para realizarlo. La suma e interrelación de toda esa experiencia en la que el seguro tiene tanto para aportar, resulta en una mayor calidad de vida, en proyectos de vida que empiezan a realizarse, en felicidad para la gente.
En las decisiones políticas entonces, está el camino para abrir oportunidades, consolidarlas como sistema y volver accesibles a todos y todas, las herramientas que en ocasiones sólo lo son para los menos. En el Derecho, en las leyes, en los propios acuerdos políticos y programas ejecutivos, está el poder de diagramar nuevos marcos de acción y a la vez garantizar su puesta en práctica hacia el objetivo superior de ser un país desarrollado, de primera.
En el seguro está la posibilidad concreta, para cada uno, cada una, de minimizar la amenaza de infinidad de riesgos particulares y potenciar así el esfuerzo de los gobiernos por mayores niveles de calidad de vida para los miembros de sus comunidades.

Diego Martínez

Columnista invitado

Periodista uruguayo, director de la revista PóLIZA

 

Nota del editor:

Reproducción de la publicación original en www.revistapoliza.com, con autorización del autor.

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