A PROPÓSITO DEL “AUTOSEGURO”

El seguro en acción 3 Mayo, 2018 1

Especial para El Seguro en acción

Los seres humanos estamos enfrentados a diversos riesgos que amenazan causar un daño en nuestras personas o en nuestros patrimonios. Aun aquellos riesgos directamente vinculados con la vida, la integridad física y el bienestar espiritual, que también pueden traducirse en menoscabos materiales: pérdida de ingresos, pérdida del empleo, necesidad de asistencia médico farmacéutica, de asistencia sicológica, etc.
Cuanto poseemos también podría perderse o dañarse.
Quien sufre alguna contingencia dañosa, y no tiene seguro, tendrá que resignarse a su pérdida o echar mano a sus ahorros para reparar el daño. Eventualmente, también podrá conseguir dinero prestado y así recuperar lo perdido. Pero, en todo caso, enfrentará un desembolso, un “desahorro” que lo dejará con menos recursos de los que tenía antes del siniestro.
Hace ya muchos años que, con el devenir del progreso humano, nació el contrato de seguro, el que ofrece innegables ventajas respecto del ahorro cuando nos toca la eventualidad de sufrir algún perjuicio.
El ahorro sólo brinda protección cuando la suma necesaria para solventar los daños, está reunida; mientras que el seguro, a cambio del pago de una prima pequeña en comparación con el daño potencial, brinda tranquilidad desde el primer momento. Por otro lado, la conformación de un ahorro destinado a enjugar potenciales pérdidas podría resultar un esfuerzo inútil si, a la postre, el siniestro no se presenta. Es verdad que el pago de las primas del seguro importará un desembolso de dinero, pero siempre será un costo acotado y previamente pactado, y resultante del cálculo de la mínima contribución requerida a todos quienes se encuentran expuestos a riesgos homogéneos.
El ahorro, para poder servir como protección, debe estar siempre presto y líquido a atender las necesidades financieras de quien afronta tiempos de necesidad. El asegurador profesional, sujeto al control público, está siempre capacitado para responder por los daños sufridos. Además dispersa el riesgo entre un sinnúmero de riesgos homogéneos y recurre al reaseguro para una mayor dilución y para evitar los picos de demanda de fondos.

¿Qué se entiende por “autoseguro”?
Hablamos de autoseguro cuando una persona, física o jurídica, “soporta con su patrimonio las consecuencias económicas derivadas de sus propios riesgos, sin intervención de ninguna entidad aseguradora”.  Es decir que habrá autoseguro cuando se decide afrontar el daño con los propios ahorros, existentes o a constituirse, en lugar de transferírselo a un asegurador profesional.
Quien retiene un riesgo necesitará contar con capacidad económica y financiera. Económica porque necesitará tener suficiente riqueza acumulada (capital propio de la empresa, ahorros personales o familiares) y financiera, porque esa riqueza -llegado el momento- tiene que ser fácilmente disponible para atender las reparaciones correspondientes.
Por regla general las empresas evitan tener este tipo de fondos, además de no poder descontarlos del impuesto a las ganancias, les resulta más eficiente destinar los recursos propios al giro de su negocio y no distraer capital innecesariamente, pudiendo adquirir seguros.
¿Qué sentido tiene para una empresa o para una familia, autoasegurar un riesgo?
Si hay un seguro disponible, el único motivo para no asegurar es evitar el desembolso de la prima.
Tendría que tratarse de un riesgo de baja o mediana posibilidad de ocurrencia y de baja intensidad, para que la decisión de retener el riesgo tenga sentido económico.
Si se tratara de un riesgo de baja o mediana frecuencia pero de alta intensidad, lo recomendable es cubrirlo con un seguro, porque aunque sea poco probable que el siniestro ocurra, de acaecer no podré cubrir la pérdida con mis ahorros. Por ejemplo, es poco sensato que una familia no asegure contra incendio, la vivienda familiar.
Pero -siempre en el campo de los individuos y familias- si en mi experiencia de muchos años de conductor de automóviles, rara vez he sufrido daños parciales por accidente que superen el valor de la franquicia, quizá sería razonable no asegurar mi vehículo contra daños parciales y sólo tomar la cobertura de daño total por accidente.
En la pequeña y mediana empresa industrial, si el capital es un insumo crítico, no parece tener mucho sentido retener riesgos y afrontar potenciales pérdidas, porque cualquier siniestro podría llevarme a la quiebra (imposibilidad de producir, imposibilidad de cumplir con los compromisos de venta contraídos, imposibilidad de afrontar los costos fijos, etc.) y habrá enormes dificultades para acumular un fondo.
En actividades más modestas, más “trabajo-intensivas” que “capital-intensivas”, como por ejemplo un estudio de abogados o una oficina de productores de seguros, no impactaría demasiado un eventual robo de computadores porque, amén de ser un hecho poco frecuente, los socios podrían reponer la pérdida con el giro de su facturación, sin mayores esfuerzos (baja intensidad). En este caso podría convenirles retener ese riesgo.
En empresas que cuentan con mucho capital y han mapeado adecuadamente sus riesgos, podría decidirse la retención de determinados riesgos, constituyéndose un fondo de administración diferenciada y destinado a cubrir potenciales siniestros. El fondo también podría cubrir eventos de mucha frecuencia pero baja intensidad.
El fondo deberá prever cuál será la pérdida probable para el ejercicio económico y cuál podría ser la pérdida máxima posible. No será conveniente retener el riesgo si no tienen una adecuada dispersión, porque la pérdida máxima posible podría ser muy elevada por efecto de los cúmulos.
Cuando la administración de riesgos de estas grandes empresas es profesional, suele elaborar o contar con estadísticas de intensidad y de frecuencia, validadas por la observación metódica durante un cierto período de tiempo, que autoriza a considerarlas confiables.
Un programa de autoseguro requiere, como es de suponer, un constante monitoreo y revisión de las estadísticas en las cuales se basa, para evitar tanto la inmovilización excesiva del capital como su insuficiencia. Además requerirá una administración eficiente para aplicar el fondo constituido a la inmediata reparación de las pérdidas sufridas.
Paralelamente se suelen implementar cuidadosos programas de prevención de los riesgos que apuntan a disminuir las ocurrencias dañosas y a evitar las de mayor intensidad. Pero si bien la prevención es importante y puede disminuir con el tiempo la experiencia siniestral, un programa de autoseguro siempre requerirá la constitución de un Fondo diferenciado, para afrontar los siniestros que, de cualquier manera, podrían ocurrir.
Existen seguros de contratación obligatoria, como son la cobertura de responsabilidad civil por la conducción de automotores, los riesgos del trabajo y el seguro de responsabilidad civil requerido por la Ley General del Ambiente, entre otros.
La cobertura de responsabilidad civil derivada de la propiedad o del manejo de automóviles debe contratarse sin excepciones. Las autoridades no eximen del seguro a ninguna persona ni empresa, aunque puedan demostrar que poseen patrimonio líquido más que suficiente para pagar los eventuales daños de su propio peculio. Con esto buscan proteger a las potenciales víctimas de los accidentes de tránsito.
En materia de riesgos del trabajo y de responsabilidad civil por el daño ambiental, el Estado, que se preocupa por la suerte de los trabajadores -en el primer caso- y de la comunidad en general -en el segundo-, se ha encargado de regular los requisitos que deben reunir aquellos que aspirar a autoasegurar los riesgos.
En ambos casos obliga, a quienes quieren dejar de contratar la cobertura, la constitución de un fondo fiduciario a favor de los eventuales damnificados. Es decir que las autoridades de control estatales requieren que los que pretenden autoasegurarse, además de cumplir con otros requisitos, aparten algunos activos y los destinen a garantizar sus obligaciones eventuales.

Carlos J. M. Facal

Abogado

cfacal@facalmartin.com.ar

(*): Ante la inquietud planteada por un lector respecto del “autoseguro”, recurrimos al fragmento de una nota del doctor Facal, publicada en nuestra primera edición (http://www.elseguroenaccion.com.ar/?p=219), a propósito de la “cobertura” en la tragedia de Once.
En la misma, el autor analiza el tema con la profundidad y conocimiento que lo caracterizan.

Un Comentario »

  1. Carlos A. Domínguez 4 Mayo, 2018 at 8:12 - Reply

    Como siempre, conciso y claro el tratamiento de un tema que se nos presenta frecuentemente a los PAS, cuando asesoramos a los asegurables: “…para que voy a contratar un seguro, si es imposible que ocurra un siniestro o yo me “reservo” un dinero, para afrontar los daños…”, nos saben decir.
    Carlos Alberto Dominguez (PAS)

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